Reseña
Vol. 7 | Núm. 41 (Junio - Noviembre)
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Estrenada en 2001, Wit (traducida en algunos países como Amor y vida, aunque su título original hace alusión a la agudeza o ingenio) cuenta con una puesta en escena sobria y austera, que contribuye a centrar la atención del espectador en los aspectos emocionales, éticos y existenciales del proceso de enfermar y morir. La película se desarrolla casi en su totalidad dentro de las paredes frías de un hospital universitario, subrayando el carácter impersonal del sistema médico contemporáneo. En este contexto clínico, emerge con fuerza el papel de la enfermería como baluarte de cuidado y compasión frente a la tecnificación de la medicina.
Wit se inscribe dentro de un contexto de creciente reflexión sobre la necesidad de humanizar los cuidados de salud, particularmente en las etapas terminales de la vida. A través del recurso cinematográfico, la obra visibiliza los dilemas éticos que enfrentan los pacientes en condiciones de extrema vulnerabilidad, y la responsabilidad de los profesionales de la salud —especialmente de las enfermeras— en el acompañamiento y el respeto de la dignidad del paciente.
La historia gira en torno a Vivian Bearing (Emma Thompson), una reconocida profesora de literatura inglesa especializada en poesía metafísica, particularmente en la obra de John Donne. Diagnosticada con un cáncer de ovarios en fase muy avanzada, la Dra. Bearing acepta someterse a un tratamiento experimental extremadamente agresivo, que le provoca un deterioro físico y emocional progresivo. Desde los primeros minutos de la cinta, se rompe la cuarta pared: Vivian se dirige al espectador con un monólogo reflexivo e irónico que contrasta con la brutalidad de su situación.
Conforme avanza la enfermedad, la protagonista va perdiendo progresivamente el control que siempre tuvo sobre su vida y su entorno. Las interacciones con los médicos, especialmente con el joven investigador Jason Posner, son marcadamente frías y protocolarias, lo que refleja la deshumanización de la práctica médica cuando se olvida el rostro del paciente. En contraposición, la enfermera Susie Monahan (Audra McDonald) representa el contrapunto compasivo: su trato cercano, empático y cuidadoso es el único consuelo verdadero que Vivian encuentra en su tránsito hacia la muerte.
El protagonismo del cuidado de enfermería
El verdadero corazón bioético de Wit reside en el rol de la enfermera Susie. Ella no solo cuida el cuerpo dolorido de Vivian, sino que se convierte en su confidente, en la única figura que reconoce su sufrimiento como una experiencia humana integral. A diferencia de los médicos, Susie no está centrada en el protocolo ni en la investigación, sino en el bienestar concreto de su paciente. Ella le ofrece agua, le toma de la mano, le explica sus opciones con honestidad y dulzura.
En este sentido, Wit pone en evidencia la profunda diferencia entre “tratar” y “cuidar”. Mientras los médicos tratan a Vivian como objeto de estudio o sujeto de ensayo clínico, la enfermera la cuida en su dimensión más vulnerable y humana. Esta diferencia resuena poderosamente en los actuales debates sobre la ética del final de la vida, donde la enfermería —especialmente en los cuidados paliativos— emerge como una disciplina clave en la atención centrada en la persona.
La película también evidencia la importancia de la comunicación terapéutica. Mientras que los discursos médicos están cargados de tecnicismos y despersonalización, el lenguaje de Susie es directo, sencillo y compasivo. Su disposición a escuchar y a respetar las decisiones de Vivian la convierte en un modelo de la enfermería basada en la empatía y en la ética del cuidado.
Wit no es solo una película sobre el cáncer o la muerte; es una obra sobre la dignidad, la compasión y la humanidad en el acto de cuidar. Es un homenaje a los profesionales de enfermería que, día tras día, acompañan a los pacientes en su dolor, muchas veces en silencio, sin protagonismo, pero con una entrega insustituible. También es una denuncia contra la deshumanización de la medicina cuando se olvida que detrás de cada historia clínica hay una persona, con miedos, con historia, con emociones.
Para estudiantes y profesionales de la bioética, la medicina, la enfermería o los cuidados paliativos, Wit representa una herramienta pedagógica excepcional. Invita a reflexionar sobre la importancia del cuidado holístico, el respeto a la autonomía, la humanización de la atención y el valor de la presencia en los momentos finales de la vida. En definitiva, una película imprescindible para formar no solo profesionales competentes, sino personas capaces de cuidar con humanidad.
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