Introducción
Se estima que en España existen aproximadamente 800.000 pacientes anticoagulados. Se les denomina así a aquellas personas que son tratadas con fármacos anticoagulantes, ya sea para la prevención y tratamiento del tromboembolismo venoso o para la fibrilación auricular no valvular
1.
Se conoce que diversas enfermedades como la cardiopatía isquémica, el accidente cardiovascular isquémico y el tromboembolismo venoso subyacen de la patología de la trombosis. Un estudio sobre la carga mundial de enfermedades realizado en 2010 registró que el accidente cerebrovascular causa aproximadamente 5,9 millones de muertes, y la cardiopatía isquémica aproximadamente 7 millones de muertes. Mostrándose en conjunto como 1 de cada 4 muertes en el mundo
2.
Durante décadas, la única opción disponible para la terapia anticoagulante oral fueron los antagonistas de la vitamina K, conocidos como acenocumarol y warfarina. Estos fueron aprobados como fármacos en 1954
1.
A pesar de que el acenocumarol es, dentro de su categoría de anticoagulantes, el más antiguo, es mayormente el elegido como terapia anticoagulante, fundamentalmente por su bajo precio. “Según la Federación Española de Asociaciones de Anticoagulados, el 88,6% de los pacientes anticoagulados toma acenocumarol”
1.
Los fármacos antagonistas de la vitamina K (AVK) son de manejo complejo. Tienen un margen terapéutico estrecho, y para conseguir unos niveles de seguridad y eficacia es necesaria una monitorización periódica del índice internacional normalizado (INR), que permite determinar el nivel de coagulación. Presentan múltiples interacciones con diferentes fármacos, con la ingesta de vitamina K en la dieta, además de con enfermedades intercurrentes.
Actualmente, como alternativa a los AVK, existen cuatro fármacos anticoagulantes orales de acción directa (ACOD), como el rivaroxabán, apixabán, edoxabán y dabigatrán. Todos estos tienen un amplio margen terapéutico y pueden administrarse sin necesidad de ser monitorizados periódicamente la coagulación
3.
El uso de anticoagulantes orales puede causar problemas relacionados con los medicamentos, principalmente por ajustes de dosis e interacciones, representando el 6,3% de las hospitalizaciones por reacciones adversas en España
1.
Hay evidencias de que el tromboembolismo venoso se asocia con una gran morbilidad a nivel mundial. La incidencia global de dicha enfermedad incrementa con la edad, siendo más pronunciada en las personas de la tercera edad. Estos hallazgos tienen repercusiones para la salud mundial, ya que está mejorando la esperanza de vida, y hay una evolución en la transformación de la principal causa de muerte de las enfermedades infecciosas a enfermedades no infecciosas
2.
Justificación
El uso de anticoagulantes orales constituye una de las terapias farmacológicas más relevantes en la práctica clínica actual, debido a su papel fundamental en la prevención y tratamiento de enfermedades tromboembólicas. En España, el número de pacientes anticoagulados se ha incrementado progresivamente, especialmente en relación con el envejecimiento poblacional y la mayor prevalencia de patologías cardiovasculares, como la fibrilación auricular o la trombosis venosa profunda.
La complejidad del manejo terapéutico de estos fármacos, unida a la gran cantidad de interacciones que pueden presentar, tanto farmacológicas como alimentarias, convierte su seguimiento en un reto clínico y asistencial. En este contexto, la enfermería desempeña un papel esencial en la educación sanitaria, la detección de problemas relacionados con los medicamentos y la promoción de la adherencia terapéutica.
Por tanto, resulta de gran interés analizar las interacciones más relevantes de los anticoagulantes orales, tanto clásicos como de acción directa, así como la intervención enfermera en su manejo. Este trabajo se justifica en la necesidad de proporcionar una visión actualizada y práctica que contribuya a mejorar la seguridad del paciente, optimizar los resultados terapéuticos y reforzar el papel de la enfermería como agente clave en el control y seguimiento de la terapia anticoagulante.
Objetivo del estudio
Analizar las interacciones más relevantes de los anticoagulantes orales, tanto clásicos como de acción directa, así como la intervención enfermera en su manejo.
Metodología
Para este trabajo se realizó una búsqueda bibliográfica en bases de datos como SciELO, Elsevier, PubMed, Dialnet y Google Académico, utilizando los operadores AND y OR y acotando el periodo entre 2014 y 2024. Se emplearon como palabras clave anticoagulantes orales, interacción, enfermera, warfarina y acenocumarol, tanto en español como en inglés.
Siguiendo esta estrategia de búsqueda en PubMed, se identificaron 403 artículos al aplicar los términos “anticoagulantes orales” y “enfermería”, de los cuales 19 cumplían los criterios de inclusión tras su detallado estudio. Y por otro lado, se identificaron 8 al aplicar los términos “acenocumarol” y “enfermería”, de los cuales solo 1 cumplía con los criterios de inclusión. El resto de la búsqueda incluida en la revisión bibliográfica proviene de fuentes oficiales, como puede ser la AEMPS.
Resultados
Interacciones farmacológicas
Tanto los anticoagulantes orales antagonistas de la vitamina K como los anticoagulantes orales directos pueden provocar interacciones farmacológicas al combinarlos con otros fármacos. Estas interacciones cobran un papel muy importante en las reacciones adversas que de ellas se derivan.
Interacciones de los anticoagulantes clásicos
Interacciones de la warfarina: La warfarina presenta multitud de interacciones farmacológicas; por ello, en este apartado, nos centraremos en las más relevantes.
Antibióticos
Los antibióticos pueden modificar la microbiota intestinal, potenciando el efecto anticoagulante de la warfarina debido a que es una fuente rica de vitamina K. Los antibióticos como las sulfamidas y el metronidazol, que inhiben el CYP2C9, aumentan el riesgo de hemorragia. Cuando se recibe tratamiento simultáneo con sulfamidas o metronidazol, se debe reducir un 25% y 33%, respectivamente, las dosis de warfarina como prevención.
Por otro lado, algunos antibióticos del grupo de los macrólidos, como la claritromicina o eritromicina, son inhibidores enzimáticos del CYP3A4 y aumentan en gran medida el riesgo de hemorragia cuando son tomados junto con la warfarina. Otro grupo de antibióticos como las quinolonas, en concreto el ciprofloxacino, inhiben el CYP1A2 y aumentan las concentraciones plasmáticas de la warfarina.
En cambio, algunos antibióticos beta-lactámicos como la flucloxacilina son inductores enzimáticos del CYP3A4 y reducen las concentraciones plasmáticas del anticoagulante, siendo necesario duplicar la dosis de warfarina para mantener el INR. Es necesario también realizar un ajuste de dosis cuando la warfarina se administra juntamente con la rifampicina, inductor enzimático del sistema microsomal hepático (CYP450).
Cuando se inicia un tratamiento con antibióticos en un paciente en tratamiento con warfarina, debe haber un control exhaustivo del INR, tanto al comienzo como al finalizar la terapia, ya que cuando estos se retiran, se deben ajustar las dosis del anticoagulante. No obstante, es importante recordar que, aunque el paciente no esté en politerapia, siempre hay que controlar el INR en pacientes tratados con warfarina.
Antifúngicos
Algunos antifúngicos como el fluconazol o voriconazol pueden aumentar el riesgo de hemorragia en pacientes con tratamiento anticoagulante con la warfarina, debido a que inhiben el CYP2C9. Lo mismo ocurre con el ketoconazol e itraconazol, que inhiben el CYP3A4. Por tanto, es importante que durante la administración sistémica de antifúngicos del tipo de los azoles junto con warfarina se realice un control de INR.
Los antivirales como ritonavir y nevirapina reducen el efecto anticoagulante de la warfarina, mientras que efavirenz y saquinavir lo aumentan, elevando el riesgo de hemorragia.
Entre los fármacos cardiovasculares, las estatinas pueden alterar el INR, por lo que se recomienda su monitorización, y los antiagregantes plaquetarios como el ácido acetilsalicílico o el clopidogrel suelen combinarse con anticoagulantes tras cirugías cardíacas o en el síndrome coronario agudo.
Psicotrópicos
Dentro de los psicotrópicos, los antiepilépticos como la carbamazepina y fenitoína reducen la eficacia de la warfarina. Por el contrario, algunos antidepresivos ISRS (fluoxetina, fluvoxamina, paroxetina) y fármacos como quetiapina o ácido valproico potencian su efecto, aumentando el riesgo de sangrado.
Los antidepresivos ISRS como fluoxetina, fluvoxamina y paroxetina aumentan los niveles de warfarina, elevando el riesgo de hemorragia, mientras que la trazodona reduce su efecto anticoagulante. Las opciones más seguras en combinación son sertralina o citalopram. Además, otros fármacos del sistema nervioso central, como quetiapina y ácido valproico, también potencian el efecto de la warfarina al inhibir el CYP450
5.
Fármacos analgésicos
Dentro de este grupo se incluyen fármacos analgésicos que actúan tanto a nivel del sistema nervioso periférico como del sistema nervioso central.
Antiinflamatorios no esteroideos
Constituye un grupo de fármacos que presentan interacciones severas con la warfarina. Estas interacciones son debidas fundamentalmente a la acción antiagregante plaquetaria que presentan la mayoría de ellos y, en menor medida, al desplazamiento de la warfarina a su unión a las proteínas plasmáticas. Se debe evitar la toma con cualquier AINE
5.
Paracetamol
Este fármaco es considerado como el fármaco analgésico de elección en pacientes anticoagulados. No obstante, es necesario un control periódico debido a que un metabolito del paracetamol inhibe la síntesis de vitamina K, pudiendo aumentar el INR del paciente según la dosis que se reciba
5.
Tramadol
Se asocia con un incremento de anticoagulación con el uso concomitante con warfarina; este efecto es debido a la inhibición de la recaptación de serotonina a nivel plaquetario
6.
Interacciones de los anticoagulantes orales de acción directa
Los anticoagulantes orales de acción directa (ACOD) son sustratos de la glucoproteína P (P-gp) y todos, excepto el dabigatrán, se metabolizan a través del sistema microsomal hepático CYP450; consecuencia de ello, pueden dar lugar a numerosas interacciones, tanto a nivel farmacocinético como farmacodinámico, que podrían afectar a su biodisponibilidad. Teniendo en cuenta que las interacciones son múltiples, a continuación, solo se detallan algunas de las más relevantes
7.
En relación con las interacciones alimentarias de los ACOD, se puede considerar que prácticamente no interaccionan de forma significativa, pudiendo administrarse juntamente con alimentos. Una excepción lo constituye el edoxabán, cuya absorción se reduce en presencia de alimentos
4.
Agentes antineoplásicos
El uso concomitante de ACOD y agentes antineoplásicos con actividad inhibidora del CYP3A4 podría provocar un aumento del riesgo de hemorragia.
Si bien, en relación con un fármaco antineoplásico, el neratinib, se le asocia con mayores tasas de hemorragias al hacer un uso concomitante con los ACOD. Este fármaco es un inhibidor de la P-gp, y los ACOD, como el dabigatrán y el rivaroxabán, son sustratos de la P-gp; esto hace que el empleo simultáneo pueda aumentar los niveles plasmáticos de los anticoagulantes, elevando así el riesgo de hemorragia
8.
Dexametasona
Este fármaco es un inductor del CYP3A4 y puede disminuir la concentración de algunos ACOD, como el apixabán o rivaroxabán, ya que ambos fármacos se metabolizan por el CYP3A4. Debido a ello, se reduce el efecto anticoagulante y se potencia el riesgo de los eventos tromboembólicos
10.
Bloqueantes de los canales de calcio
El diltiazem, fármaco bloqueante de los canales de calcio de uso común en pacientes que padecen fibrilación auricular, es un competidor de la P-gp e inhibidor del CYP3A4, por lo que la administración simultánea con ACOD aumenta en un 40% los niveles séricos de los anticoagulantes, por tanto, aumentando el riesgo de hemorragia. Esto mismo ocurre con el verapamilo.
Aquellos pacientes que están anticoagulados con dabigatrán presentan una tasa de hemorragia mayor del 52% en comparación con los que reciben tratamiento con amlodipino
11.
Anticonvulsivantes
Los fármacos anticonvulsivos del tipo de los barbitúricos (fenitoína, la primidona y el fenobarbital) y la carbamazepina son inductores de la P-gp y del CYP450, y disminuyen los niveles plasmáticos de los ACOD y, por tanto, su efecto. De hecho, el uso simultáneo de ACOD y anticonvulsivos se asocia a un fallo de la terapia anticoagulante, con eventos tromboembólicos e isquémicos. En este sentido, es más segura la administración de anticonvulsivantes de segunda o tercera generación, como es el caso del ácido valproico y del levetiracetam, para los que no se ha descrito este tipo de interacción
12.
Antibióticos
La rifampicina y los macrólidos como la claritromicina y eritromicina son inductores enzimáticos del CYP3A4 y P-gp, por lo que reducen las concentraciones plasmáticas de los ACOD y su efecto farmacológico cuando se administran conjuntamente. Como consecuencia de ello, aumenta el riesgo de eventos trombóticos.
Antifúngicos
El ketoconazol es un inhibidor potente del CYP3A4 y P-gp, por lo que un tratamiento concomitante con ACOD puede aumentar las concentraciones séricas de los anticoagulantes, con el consiguiente riesgo de hemorragia grave
5.
Interacciones de los anticoagulantes orales con la dieta
La ingesta de vitamina K se relaciona con proteínas implicadas en la coagulación sanguínea. Por tanto, al comienzo de la terapia anticoagulante es importante recordar los alimentos ricos en esta vitamina, ya que pueden influir en la acción anticoagulante de la warfarina y acenocumaro
13. Es importante llevar a cabo una dieta equilibrada en términos de nutrición, tomándola con regularidad y no eliminando su consumo, ya que de este modo el paciente mantendrá el INR dentro del rango terapéutico
14.
La vitamina K es una vitamina liposoluble que se concentra mayormente en las plantas de hoja verde, en aceites vegetales y en algún alimento de origen animal. A pesar de que la ingesta diaria recomendada ronda los 90-100 microgramos/día, es cierto que para cada paciente varía según el sexo, la edad, la cantidad de actividad física realizada, etc.
13. A continuación, en la siguiente tabla se detallan los alimentos más frecuentes con su contenido en vitamina K (véase tabla 4).
Intervenciones de enfermería
La terapia anticoagulante oral (TAO) es utilizada actualmente como prevención primaria y secundaria de sucesos tromboembólicos
15. Principalmente, la fibrilación auricular es la indicación primaria más frecuente para la TAO, contando un 63,2% de los pacientes que son tratados con anticoagulantes orales
1.
El tratamiento con antagonistas de la vitamina K precisa de monitorización del tiempo de protrombina (TP), conocido como INR, además de un seguimiento clínico de los pacientes para el control del cumplimiento terapéutico
16.
Como papel de la enfermera, es importante y necesario llevar a cabo una buena gestión del régimen terapéutico, vigilando los niveles de anticoagulación y realizando un control de la dosis terapéutica
15. Este seguimiento permite poder ajustar o interrumpir el tratamiento por posibles efectos adversos
16.
La educación sanitaria al paciente es de gran importancia. Por ello, durante el seguimiento de la terapia se lleva a cabo una transmisión de información personalizada con el paciente sobre el fármaco y su conocimiento básico. Es relevante en los pacientes tratados con acenocumarol la educación nutricional, al igual que la prevención de malos hábitos
1.
Para conseguir una mayor aproximación a los pacientes, se ha descentralizado el control del INR, traspasándolo, en la mayoría de los casos, de los hospitales a las consultas de Atención Primaria de enfermería
15. Para que los pacientes se puedan descentralizar, es necesario que el paciente esté estable y presente escasa variabilidad en la posología del rango diana. En este caso, el paciente podrá realizarse el control de dos formas diferentes, mediante extracción venosa o de forma digital, siendo su médico el que decida el lugar de la determinación.
La enfermera es la encargada del control del INR mediante la punción digital, pudiendo determinar con el programa informático correspondiente el tratamiento que se llevará a cabo hasta el próximo control, siempre y cuando el resultado esté dentro del rango determinado previamente por un facultativo
17.
En relación con los valores normales o terapéuticos, dependen de la causa por la que el paciente esté anticoagulado. No obstante, una persona no anticoagulada tiene un INR de 1, considerándose normal de 0,8 a 1,2. Cuanto mayor sea el valor de INR, más tiempo tarda en coagular la sangre, disminuyendo el riesgo de formación de coágulos
15.
En cuanto al cumplimiento del tratamiento por parte del paciente en España, ronda el 90%, siendo mayor en mujeres que en hombres
1.
En el caso del tratamiento con anticoagulantes orales directos, que no precisan monitorización de la acción anticoagulante, no exime de la necesidad de un seguimiento clínico frecuente del paciente. Las complicaciones tromboembólicas podrían ser más habituales que con los AVK
16.
En cuanto al procedimiento que se lleva a cabo para la determinación del INR del paciente, esto se realiza con un coagulómetro portátil que recibe el nombre MicroINR
®. Para realizar la prueba es importante asegurar que la zona de punción esté limpia y seca, para posteriormente extraer una abundante gota de sangre sin presión en exceso en la zona, e introducirla en el chip sin interrumpir la absorción de esta hasta que el aparato lo indique. En el caso de que el resultado sea uno inesperado, se recomienda repetir la prueba
15.
Conclusiones
- Los anticoagulantes orales de acción directa presentan diversas ventajas frentes a los anticoagulantes orales clásicos, siendo así el tratamiento de elección frente a diversas enfermedades en la actualidad.
- Los pacientes anticoagulados con antagonistas de la vitamina K tienen regímenes para el control de la coagulación sanguínea mucho más estrictos que los anticoagulantes nuevos, lo que permite un mayor control del tratamiento y un mayor acercamiento con el paciente.
- A pesar de tener en el mercado los anticoagulantes orales directos, cuyo margen terapéutico es amplio y presentan un manejo más sencillo, el 88,6% de los pacientes anticoagulados toman anticoagulantes clásicos, cuyo manejo es más complejo.
- La elección del tratamiento debe realizarse de manera individualizada, teniendo en cuenta las características del paciente. Asimismo, el paciente debe participar en la decisión de elección de este.
- El tratamiento anticoagulante presenta multitud de interacciones y/o complicaciones, por lo que debe tener una estrecha vigilancia, así como un buen abordaje por parte de los profesionales, haciendo hincapié en la enfermería con la educación en salud para el paciente.
Financiación
No se recibió financiación para la investigación, autoría y/o publicación de este artículo.
Contribución de autoría
GSJG: concepción, desarrollo, análisis y revisión del manuscrito. Aprobó la versión final para su publicación.
Conflicto de intereses
No se identificó ningún conflicto de interés comercial, financiero o personal para la investigación, autoría y/o publicación de este artículo.
Uso de inteligencia artificial
No se utilizaron herramientas de inteligencia artificial en la redacción, análisis, interpretación o revisión de este artículo.
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Referencias
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